martes, 28 de junio de 2011

El reino de los castillos medievales

Los secretos de la cultura celta en este fascinante país del Reino Unido. El legado histórico de la ciudad de Cardiff, los paisajes costeros y las montañas del norte.



Oculta tras el brillo metropolitano de Londres y la fama de las Tierras Altas de Escocia, Gales es quizás uno de los grandes secretos turísticos del Reino Unido . A medio camino entre el Buckingham Palace y las costas de la República de Irlanda, esta tierra de colinas verdes y castillos medievales se deja visitar con la calidez que ya es marca registrada de la cultura celta.
En este rincón, al sudoeste de Gran Bretaña, las sucesivas ocupaciones dejaron un legado ancestral de fortines y palacetes que hoy forman parte de casi cualquier circuito turístico por la región. La variedad de recorridos posibles abarca desde el norte, más montañoso y agreste, hasta el sur, donde están algunos de los principales centros urbanos. Con la Revolución Industrial, el paisaje y la vida social cambiaron para siempre. Al calor de las fundiciones de hierro y el comercio de carbón, puertos meridionales como el de Cardiff –la capital de Gales– volvieron sus ojos hacia el continente y el comercio interoceánico.
Al igual que muchas de las localidades más interesantes de Europa, Cardiff es resultado de la mezcla entre construcciones antiguas y usos modernos. Una buena muestra es el castillo de Cardiff, ubicado en el casco histórico y rodeado de jardines que, en esta mañana primaveral, lucen tanto como las torres almenadas que lo custodian.
Aquí hubo, en principio, un antiguo fortín romano. En el siglo XI los normandos edificaron su propia fortaleza y ocho centurias después, todo el complejo fue restaurado por sus dueños de entonces, los marqueses de Bute. Hoy algunas de sus estancias son utilizadas para la realización de eventos corporativos y también se ofrece un tradicional “banquete galés”, que incluye el llamado welsh rarebit (queso gloucester preparado sobre una tostada), sopa de papas y puerros, y un plato de cordero. El costo de esta delicia ronda las 38 libras (US$ 62).
Otro de los lugares emblemáticos de la ciudad es el puerto sobre el canal de Bristol. En el siglo XIX, esta era quizás una de las zonas más transitadas del país. Barcos de todo el mundo partían desde estos muelles llevando el carbón producido en los valles cercanos. Tras los sucesivos declives de la industria, el lugar fue reconvertido: hoy es un barrio de tiendas, cafés y restaurantes que ofrecen una hermosa vista al agua desde sus terrazas. También hay un servicio regular de lanchas por la bahía, un recorrido que dura una media hora y cuesta 4 libras (US$ 6,5), ida y vuelta.
Rumbo al oeste, a orillas del mar de Irlanda, la bahía de Cardigan despliega un extenso paisaje costero de playas abiertas y colinas que se internan olas adentro. Una tras otra se disponen pequeñas localidades marítimas como la propia Cardigan, un antiguo puerto que, por supuesto, tiene también su castillo normando. Vale la pena darse una vuelta por su calle comercial para caminar entre las fachadas de colores, escuchando aquí y allá los diálogos en galés. A diferencia de lo que ocurre en la zona este, más cercana a Inglaterra, aquí, y sobre todo, en el norte, todavía buena parte de la población habla y escribe esta lengua de origen celta.
Justamente hacia el norte pueden dirigirse quienes viajen con tiempo para adentrarse en los confines del Gales más rural. En el Parque Nacional Snowdonia, entre los pequeños lagos y los picos montañosos, se encuentran algunos de los parajes más espectaculares y aislados del Reino.
Ciclistas y senderistas se cruzan por los estrechos caminos que se ubican entre localidad y localidad. Cada tanto, pequeñas casas se levantan en medio del verde brillante de la campiña galesa. Como en los viejos tiempos del auge local de las canteras de pizarra, un ferrocarril a vapor de trocha angosta recorre las inmediaciones de los lagos de Llanberis, pasando junto al castillo de Dolbadarn (que originalmente pertenecía a la nobleza rural galesa y fue ocupado en el siglo XIII por los ingleses) y bordeando el pie del monte Snowdon. El recorrido es uno de los imperdibles de la región y cuesta alrededor de 7 libras (US$ 11,4) por persona.
Más hacia el norte todavía, sobre la costa que mira a la isla de Anglesey (verImperdible ), el paseo por el Gales septentrional bien podría incluir los alrededores de la localidad de Conwy –con su ineludible fortaleza medieval, del siglo XIII– y las señoriales riberas que se encuentran en la ciudad balnearia de Llandudno .
También, en las afueras de la pequeña Bangor , llama poderosamente la atención el extravagante palacio de Penrhyn, construido en el siglo XIX, donde se mezclan reminiscencias normandas, en su exterior, y algunos toques victorianos, en el interior.
Allí adonde lleven los pasos, en Gales siempre encontrará un castillo al final del camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario