En 1930 Antoine de Saint Exupery se desempeñaba al frente de la Compañia General Aeropostal y en uno de sus vuelos habituales entre Buenos Aires y Asunción un desperfecto en su nave lo obligó a descender en las afueras de Concordia, Entre Ríos. Las hijas de la familia francesa que lo recibió en el mágnifico Castillo San Carlos frente al río Uruguay, su extraña relación con los animales y la naturaleza salvaje de la zona cautivaron al escritor que vivió momentos intensos y trascendentes para su obra futura en este oasis.
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